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Obesidad

Papas fritas, una adicción química

by nutricion-adelgazar on 07/07/2011

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Papas fritas, una adicción química

ROMA. La culpa por darse un atracón de papas fritas ya no será atribuible a la falta de voluntad, sino a una razón química que convierte esta “comida chatarra” en una droga con todas las consecuencias de la dependencia, según un estudio científico italo-estadounidense.

La experiencia es conocida: nadie en el mundo es capaz de probar sólo una papa frita y retirarse con el gusto aceitoso y salado en el paladar.

El cuerpo pide otra y otra, y el plato de papas fritas desaparece en pocos minutos. Hasta ahora parecía sólo una cuestión de gusto o de placer. Sin embargo, se ha descubierto que hay una razón química bien precisa que hace aparecer a las papas fritas, y otras comidas chatarras, como una verdadera droga.

Las grasas contenidas en estas comidas inducen al estómago a producir drogas naturales, similares a la marihuana, losendocannabinoides, que encienden la señal de “no stop”, o sea el deseo irrefrenable de seguir comiendo.

Esa fue la conclusión a la que llegó el equipo médico encabezado por el italiano Daniele Piomelli, de la Universidad de Irvine, Estados Unidos. La investigación fue publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. El descubrimiento parece reforzar la idea de la comida como droga, que explota los mismos mecanismo neurales de las drogas para hacerlos caer en la red de la adicción.

Los investigadores estudiaron qué les sucede a los ratones cuando tienen una dieta basada en altos contenidos de grasa.

El problema comienza en la punta de la lengua: allí las grasas se comunican directamente con el cerebro y activan un sistema de transmisión que envía un mensaje al estómago.

Las grasas piden al estómago inducir la liberación de drogas naturales del organismo, los endocannabinoides.

Estas drogas naturales hacen el resto del trabajo: activan una señal que induce al organismo a querer comer más grasa y entonces es imposible detenerse.

Otras sustancias contenidas en las comidas, como las proteínas, no parecen tener este mismo efecto sobre el estómago.

Sólo las comidas aceitosas y llenas de grasa son las que tienen este poder sobre el organismo. Si el plato de papas fritas está servido, con probar sólo un apetitoso pero grasiento bocado será suficiente. Lo que viene después es bien conocido… el plato quedará vacío en cuestión de minutos. Y la culpa no será nuestra, sino simplemente de un hecho químico.

abc.com.py

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Las dietas proteinadas sólo se recomiendan en caso de obesidad con riesgo para la salud

NO SE PIERDE MÁS GRASA QUE CON LAS TRADICIONALES

MADRID, 24 May. (EUROPA PRESS) -

Las dietas proteinadas sólo se recomiendan cuando la obesidad supone un riesgo evidente para la salud o es necesaria una reducción drástica de peso, por ejemplo en un proceso preoperatorio, según indica el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Valencia, José Cabo Soler, en una conferencia sobre posibles beneficios y efectos adversos de las dietas proteinadas, pronunciada dentro del ciclo de conferencias sobre alimentación, nutrición y salud organizadas por el Instituto Danone y la Real Academia Nacional de Medicina.

De hecho, y como detalla Cabo Soler, que también es miembro del Consejo Científico del Instituto Danone, este tipo de dietas como la Atkins o la de Dukan están “estrictamente contraindicadas para un amplio número de casos que van desde los trastornos cardiovasculares a la diabetes o en casos de insuficiencias hepáticas y renales y, por supuesto, no deben aplicarse en ningún caso a niños, adolescentes, embarazadas o ancianos”.

“Lo más eficaz y saludable, en caso de necesidad, es seguir una dieta hipocalórica clásica equilibrada. Además, con las dietas cetósicas no se pierden más grasa que con las dietas tradicionales que aporten las mismas calorías (hipocalóricas). De hecho, se pierde más peso en un primer momento, pero prácticamente la misma grasa, ya que se produce una gran pérdida en agua (y si se realiza sin supervisión médica, también de proteínas musculares), peso que se recupera en gran parte al relajar la dieta”, explica Cabo Soler.

Se considera una dieta con alto contenido proteico cuando aportan más de 1g. por Kg. y día. Lo más habitual es que aporten 1,5 gramos por Kilogramo y día de proteínas y con un reducido aporte de glúcidos (menos de 50g./día), cantidades mínimas de grasa y suplementos de minerales, vitaminas y ácidos grasos esenciales.

Su importante efecto en la perdida de peso se basa en forzar a nuestro organismo a la producción de cuerpos cetónicos; es decir, compuestos químicos generados en el hígado a partir de las grasas para proporcionar una “energía de urgencia” para el cerebro y otros órganos, en sustitución (parcial) de la glucosa, que se aporta en cantidades mínimas en estas dietas.

Además, cuando la ingesta de glucosa es muy poca (menos de 30 g/d), como se aconseja en las fases iniciales estrictas de estas dietas, “nuestro organismo se ve obligado a producir una cierta cantidad de glucosa a partir de las proteínas”, sean de las de la dieta o, a veces, de nuestras propias proteínas musculares, lo que conlleva a una peligrosa perdida de masa muscular.

La producción de glucosa a partir de las proteínas es de muy bajo rendimiento, estimándose que se necesitan unos 2 g. de proteínas para producir 1 solo g. de glucosa. Si tenemos en cuenta que un adulto medio, tras las adaptaciones de nuestro organismo a esta situación de ingesta limitada de carbohidratos, sigue requiriendo al menos 80-90 g. de glucosa al día, de las que hasta 50 g. se pueden obtener aprovechando otros compuestos que tenemos (lactato y glicerol) y el resto, hasta los 90 g. de glucosa imprescindibles, los tenemos que obtener de la dieta o nos veremos obligados a fabricarla de las proteínas. Así, si la cantidad de glucosa ingerida es menos de 30 g. (lo que se propone en estas dietas para asegurar la cetosis en las fases iniciales del tratamiento), “el riesgo de perdida de masa muscular es muy alto”, indica Cabo Soler.

EFECTOS INSALUBRES

Además, las dietas hiperproteinadas en sus fases iniciales mas estrictas en las que se limitan al máximo los carbohidratos, provocan una situación de estrés que hace producir más cuerpos cetónicos de los que pueden consumir los propios tejidos y esto provoca una “importante pérdida de peso, en gran parte del rápido consumo de las reservas de carbohidratos y de agua”, asegura el experto.

En concreto, en esta etapa se pierden porque bajan al mínimo los depósitos de glucógeno del hígado (pérdida máxima 100g.) y de los músculos (máxima 300g.) y también se pierden los 3 g. de agua que se retienen por cada gramo del glucógeno perdido. Si también perdemos proteínas musculares, por cada gramo de proteína perderemos otros 3 de su agua de hidratación, lo que produce una rápida pérdida de peso, que puede llegar a ser de hasta 6 y 10 kg. en el primer mes en los varones.

“La perdida de masa muscular es uno de los grandes peligros que debe evitarse con ayuda del especialista, pues el músculo es necesario para nuestra vitalidad y para mantener el peso después de la dieta. La masa muscular perdida es muy difícil de recuperar, necesitándose ejercicios de musculación durante mucho tiempo”, advierte el catedrático de la Universidad de Valencia.

Otra razón para no seguir una dieta proteinada sin control médico la encontramos en la necesidad de mantener unos niveles mínimos de carbohidratos, ácidos grasos esenciales y micronutrientes. “No es conveniente reducir los carbohidratos a menos de 50-75 al día y algunas de estas dietas proponen ingerir no más de 10g./día”, alerta.

Además como estas dietas aportan menos de 1000 Kcal./día, siempre deberán complementarse con compuestos polivitamínicos y minerales, ya que además de ingerir pocos micronutrientes en la dieta, de algunos de ellos se pierden cantidades importantes por la orina durante la cetosis.

europapress.es

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Los arándanos podrían frenar el desarrollo de la grasa corporal

Los autores del estudio aseguran que los polifenoles de esta fruta combaten el desarrollo de células de grasa

Los arándanos podrían frenar el desarrollo de la grasa corporal, según un estudio de la Universidad Femenina de Texas en Denton (Estados Unidos) que se ha hecho público durante el encuentro «Experimental Biology» 2011 de la Sociedad Americana de Nutrición.

Los investigadores examinaron el papel de los polifenoles de los arándanos en la diferenciación de los adipocitos, el proceso por el que las células no especializadas adquieren las características de estas células del tejido conectivo animal que sintetizan y almacenan la grasa.

Los autores explican que los polifenoles de las plantas combaten la adipogénesis, que es el desarrollo de células de grasa, e inducen la lipólisis, que es la descomposición de los lípidos y grasas. Según explica Shiwani Moghe, responsable del estudio, “queríamos ver si utilizando los polifenoles de los arándanos se inhibía la obesidad en su fase molecular”. El estudio se realizó en tejidos en cultivo tomados de ratones.

Los polifenoles mostraron una supresión dependiente de dosis en la diferenciación de adipositos. El contenido en lípidos en el grupo control fue significativamente superior que en los tejidos que recibieron tres dosis de polifenoles de arándanos. La mayor dosis de polifenoles consiguió un 73 por ciento de disminución en lípidos y la menor una reducción del 27 por ciento.

Pruebas en humanos

“Aún necesitamos probar esta dosis en humanos para asegurar que no existen efectos perjudiciales y si estas dosis son eficaces. Este es un área de investigación incipiente. La determinación de la mejor dosis para los humanos será importante. La promesa de que los arándanos podrían ayudar a reducir la formación de tejido adiposo en el organismo es una realidad”, explica Moghe.

Estos resultados preliminares contribuyen con más aspectos a la lista de beneficios asociados con los arándanos, que ya han mostrado que podrían mitigar trastornos de salud como la enfermedad cardiaca y el síndrome metabólico.

abc.es

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Para bajar de peso y mantenerse, sólo hay que consumir los mejores alimentos

Científicos de Dinamarca buscaron una dieta para combatir el sobrepeso. Hicieron un estudio y publicaron los resultados en el prestigioso New England Journal of Medicine. Participaron 772 familias (tanto los padres como los hijos), a quienes les asignaron cinco planes alimentarios diferentes.

Al comparar los resultados, vieron que una dieta “perfecta” tendría:

Muchas proteínas + pocas grasas + algo de hidratos de carbono

Según los autores del estudio, quienes siguieron esta dieta no tuvieron que contar calorías y pudieron comer hasta sentirse llenos, sin engordar.

Es más: perdieron en promedio 11 kilos y no recuperaron más de medio kilo. Y los resultados fueron aún más notorios entre los niños: la tasa de chicos con sobrepeso cayó de 46% a 15%.

Sus claves:

* La carne (vacuna, pollo, pescado) debe ser baja en grasa.

* Incorporar huevos, legumbres, nueces y almendras.

* Los lácteos deben ser descremados.

* Sí a las frutas como las manzanas, naranjas, peras y frutos rojos. Según los científicos, se podrían comer de forma ilimitada, sin engordar.

* Con otras frutas hay que tener cuidado, porque disparan la glucosa. Son las bananas, las uvas, el ananá, el kiwi y el melón.

* Las verduras y hortalizas estarían todas permitidas, salvo el choclo y la remolacha. La zanahoria se debe comer cruda.

* Las pastas, el pan y el arroz tienen que ser integrales.

Conclusión: según los investigadores, la mejor fórmula para adelgazar y mantenerse en peso es una nutrición rica en proteínas y con bajo índice glucémico.

informe21.com

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Cuando la comida se vuelve adictiva; un problema común y desconocido

Alexandra Iwanoff

¿Come en exceso? ¿Se esconde para comer? Este tipo trastorno alimenticio compulsivo también existe.

Además de la anorexia y la bulimia, las personas también sufren de otro trastorno alimenticio que tiene que ver con el exceso.

Quienes lo padecen, al contrario de los bulímicos, no tienen compensación, es decir, no regurgitan ni utilizan laxantes.

Según la nutricionista del Centro Colombiano de Nutrición Claudia Angarila, las personas que sufre de este trastorno compulsivo, consumen grandes cantidades de alimentos, de alta densidad calórica y de por sí dañinos.

“En momentos puntuales del día comen de manera copiosa. Pueden consumir hasta 1.500 calorías en un corto tiempo”, explica la doctora.

De acuerdo con la experta, el detonante de este desorden alimenticio tiene que ver con los eventos fuertemente emocionales como el estrés, la ansiedad, la tristeza o los nervios.

Según lo explica Angarila, las personas que sufren de ese trastorno son conscientes de tenerlo, pero no lo aceptan y hasta continúan con el comportamiento destructivo.

“El entorno se da cuenta, cuando ya hay secuelas de la enfermedad”, aclara.

El sobrepeso y las alteraciones en el metabolismo son algunas de las consecuencias de este trastorno. Aunque quienes lo sufren, no necesariamente son personas obesas.

“Para curarlo se tiene que hacer un tratamiento interdisciplinario en el que deben estar presentes las sesiones psicológicas, las sesiones de psiquiatría y de nutrición para reeducar al paciente”, concluye la nutricionista.

En Colombia, lastimosamente no existe ninguna estadística sobre estos trastornos.

¿Es usted una persona adicta a la comida?

1 ¿Come cuando se siente triste o estresado?

2 ¿Lo hace a escondidas?

3 ¿Ingiere cantidades inusuales y a veces se purga?

4 ¿Se siente culpable después de comer?

5 ¿Come así no sienta hambre?

6 ¿Ingiere alimentos que pueden ser dañinos para su salud?

Respuestas

-Si la mayoría de las preguntas las contestó ‘sí’, puede que sufra de trastorno alimenticio compulsivo, se recomienda ver a un nutricionista.

Si la mayoría de las preguntas las contestó ‘no’, usted no come por compulsión, pero es bueno conocer el caso y los síntomas.

eltiempo.com

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Comer en la oficina frente a la computadora provoca más hambre

¿Eres de los que se queda a comer frente al ordenador porque necesitas unos minutos extra? Pues que sepas que, según un estudio de la Universidad de Bristol, almorzar en la oficina no sólo genera obesidad (ya no nos movemos ni para bajar al bar a comer) sino que, además, provoca que el gusanillo del hambre nos dé la lata durante toda la tarde.

Los científicos comprobaron que aquellos pacientes del estudio que comían ante la pantalla del PC y realizaban a la vez otras tareas, terminaban picoteando más entre horas que los que no estaban ante una pantalla.

La prueba consistió en separar a dos grupos de personas entre aquellos que almorzaban en una mesa sin distracciones y otros que sí tenían distracciones a su alcance, desde correo electrónico a los típicos solitarios del ordenador o el Facebook.

El resultado fue concluyente: quienes estuvieron ‘entretenidos’ con el ordenador no sólo fueron incapaces de recordar en qué orden se comieron los ‘snacks’ y aperitivos que les ofrecieron, sino que no dudaron en picotear más comida pasadas varias horas del almuerzo.

informe21.com

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Comer rápido engorda y comer lento adelgaza, según estudio

La velocidad al comer influye en los kilos de más.

Expertos en nutrición y dietas para adelgazar recomiendan a quienes desean bajar de peso, comer lenta y concienzudamente, pensando en lo que están haciendo.

Un nuevo estudio realizado por científicos del Hospital General Laiko de Atenas, explica por qué motivo comer rápido se asocia a comer de más y, por tanto, promueve el sobrepeso.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que para 2015 habrá 700 millones de adultos obesos y cerca de 2.300 millones con sobrepeso. Los niños no son una excepción, pues actualmente hay 22 millones de menores de cinco años que ya son obesos.

Los kilos de más no son solamente una simple cuestión de estética, afectan la autoestima de las personas y generan un estigma social, pero también aumentan grandemente el riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes tipo 2, problemas cardiovasculares, artrosis y distintos tipos de cáncer. Como resultado, la obesidad disminuye marcadamente la calidad y la expectativa de vida.

Los investigadores griegos sabían ya que ciertas hormonas intestinales se liberan durante las comidas para generar la sensación de saciedad en el cerebro. El objetivo del estudio fue averiguar si la velocidad de la alimentación afectaba la producción de estas hormonas.

Todos los voluntarios comieron 300 mililitros de helado a distintas velocidades. Posteriormente, se midió siete veces a intervalos de 30 minutos su nivel de glucosa, insulina, lípidos y hormonas intestinales en sangre. Como resultado, aquellos que comieron su helado despacio tenían mayores niveles de hormonas intestinales y se sentían más satisfechos.

Los investigadores concluyeron que comer demasiado rápido disminuye la liberación de estas hormonas y como consecuencia, la sensación de saciedad tarda en llegar, por ello las personas comen más y como consecuencia suelen engordar.

terra.com.co

Imagenes de Animales Marinos

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Hay alimentos adictivos para ciertas personas

by nutricion-adelgazar on 21/11/2010


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Hay alimentos adictivos para ciertas personas

Una investigación parece corroborar lo que algunos científicos intuían y muchos obesos estaban convencidos de sufrir en sus propias carnes: ciertos alimentos son adictivos; y lo son tanto, que su efecto es similar al de las drogas. Sin embargo, esto es verdad sólo para algunas personas, y además hay diferencias importantes con la drogadicción.

El estudio, que fue realizado por un equipo del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas (Estados Unidos) dirigido por Eric Stice, va a ser publicado próximamente en The Journal of Neuroscience. El experimento se hizo durante seis meses sobre 26 mujeres con sobrepeso u obesidad.

Durante ese período, se ofreció a las voluntarias dos tipos de batidos: sabrosos y calóricos, o insípidos y sin calorías. Valiéndose de una moderna técnica de imagen (resonancia magnética funcional), los investigadores demostraron que las mujeres que tomaron mayores cantidades de la bebida más sabrosa y calórica, además de ganar más peso, mostraban una menor activación de las zonas cerebrales asociadas al placer derivado de tomar comidas sabrosas.

El resultado, que a primera vista puede parecer chocante, tiene su lógica: las personas que experimentan una menor activación de este centro de placer necesitan consumir más cantidad de comidas sabrosas. Este mecanismo es similar al que funciona con las drogas. Por ello, pueden establecerse ciertos paralelismos entre el comer de forma compulsiva y la drogadicción.

Por ejemplo, en ambos casos se puede llegar a perder el control en la búsqueda de aquello que necesitamos (comida apetecible o drogas). Así, algunos animales siguen comiendo aquello que adoran a pesar de que saben que cada vez que lo hagan sufrirán una descarga eléctrica. También, tanto en la ingesta compulsiva como en la drogadicción se pueden sufrir recaídas tras haber logrado moderar el consumo. Desde el punto de vista neurológico, ambos consumos producen en el cerebro un efecto parecido, al actuar sobre los mismos neurotransmisores, como la dopamina.

Sin embargo, también hay diferencias. Quizá la primera sea la propia naturaleza de las sustancias, ya que la comida es necesaria para la supervivencia, y las drogas no. Por ello, la activación de los circuitos de recompensa también es diferente. Tampoco es igual la facilidad para engancharse: en el caso de las drogas, se estima que en torno a una persona de cada siete que las toman se hace adicta a ellas; para el abuso de las comidas sabrosas, como mucho una de cada treinta.

De cualquier manera, el saber que la comida puede ser adictiva no debe relajar conciencias ni ser un pretexto para no luchar contra la obesidad. Además de que, como se ha dicho, esta adicción sólo afecta a una minoría, en el caso de sufrirla se puede luchar contra ella, buscar ayuda y seguir estrategias compensatorias, como aumentar la actividad física.

adelgazar.net

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